Ingredientes:
Azúcar, yema de huevo fresco, agua, clara de huevo fresco.
CONTIENTE: HUEVO
La maravilla de las Yemas de San Leandro reside en su textura inconfundible y su sabor celestial. Con una capa crujiente de azúcar que envuelve un corazón de huevo sublime, cada bocado es un viaje sensorial que te transportará a los rincones más tradicionales de la repostería española. La combinación de la dulzura del azúcar y la suavidad del huevo crea una sinfonía de sabores que te hará apreciar la verdadera esencia de este manjar conventual.
Estas delicias se presentan con el máximo cuidado en una hermosa caja de madera, diseñada para realzar la elegancia y el encanto de las Yemas de San Leandro. Disponible en formatos de 12 o 24 unidades, cada caja es una pieza única que refleja la dedicación y el amor con el que se elabora cada dulce en el convento.
Regala o disfruta de estos pequeños tesoros culinarios que capturan la esencia misma de la tradición conventual española. ¡Sumérgete en el placer de lo auténtico y descubre el sabor divino de las Yemas de San Leandro!
Manténgase en un lugar fresco y seco.
Consumir preferentemente antes de un mes (30 días)
Registro D.G. Sanidad: 20.004338/SE
| INFORMACIÓN NUTRICIONAL | |
| VALORES MEDIOS | por 100g |
| Valor energético | 369,69 Kcal |
| Grasas | 9,67 g |
| de las cuales: | |
| saturadas | 2,88 g |
| Hidratos de carbono | 70,20 g |
| de las cuales: | |
| azúcares | 63,13 g |
| Proteínas | 5,70 g |
| Sal | 25,18 mg |

Elaboración artesanal en convento
Estos dulces artesanales se elaboran dentro del convento, uno a uno, por las propias hermanas. La base es siempre la misma: recetas tradicionales que han pasado de generación en generación y que siguen marcando el ritmo y el sabor de cada pieza.
El trabajo es mayoritariamente manual. Las manos siguen siendo esenciales en la preparación, el moldeado y el acabado final. Junto a los utensilios clásicos de siempre, hoy conviven herramientas actuales que les ayudan a mejorar ciertos procesos y, sobre todo, a ganar tiempo para lo importante: cuidar los detalles y mantener intacta la calidad.
El resultado son dulces de monjas hechos con calma, respeto por la tradición y una forma de trabajar honesta, donde la artesanía conventual no se entiende sin paciencia, experiencia y mimo en cada elaboración.
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