Cuando hablamos de Sevilla lo hacemos sabiendo que esta ciudad es una ciudad de conventos, de templos y monjas, uno de los enclaves de la cristiandad occidental. Su casco histórico, que es el más grande de España y de los más grandes de Europa, alberga valiosos templos y conventos y no solo por su arquitectura sino también por su arte y su historia.
Por dentro son como auténticos museos y en muchos casos las obras de arte que poseen se encuentran en mal estado por su antigüedad. La responsabilidad de su conservación pertenece a la congregación, por lo que las monjas emplean parte de su tiempo a generar ciertos ingresos para poder afrontar su mantenimiento.
Diversas son las tareas que las monjas realizan en los diferentes conventos de la ciudad, pero la más famosa y valorada es la repostería. Cualquiera que haya probado alguna de las delicias que dentro de esas cocinas se elaboran, puede dar fe de ello. Desde los más típicos Pestiños de Sevilla pasando por los Cortadillos, las Magdalenas o las Pastas hasta las exquisitas Yemas.
A lo largo de los siglos la tradición repostera de los diferentes conventos se ha mantenido intacta, conservando esas recetas que en algunos casos datan del siglo XIII, y que llegan a la actualidad para que nosotros también podamos disfrutar como lo hacían nuestros antepasados.

